Agresividad infantil: cuando la rebeldía es una llamada de ayuda

agresividad infantil (2)

Una lectura desde Winnicott y la mirada educativa de Perros Pastores

En Perros Pastores trabajamos cada día con niños y jóvenes que no encajan, que se aíslan, que explotan o que se rebelan. Muchos llegan etiquetados como “problemáticos”. Pero en cuanto entras con ellos en el bosque, en un taller de supervivencia o en una dinámica de convivencia, las etiquetas se caen.

Porque esa rabia, esa rebeldía, esa resistencia…
no son un defecto, son un mensaje.

Y para entenderlo, no hay mejor guía que el pensamiento de Donald Winnicott, uno de los psicoanalistas que más profundamente comprendió el mundo emocional infantil.

La agresividad infantil no es mala: es energía vital

Winnicott: “La agresividad forma parte del impulso de vida”

Para Winnicott, la agresividad infantil no es un síntoma de maldad ni un fallo de educación.
Es una fuerza primaria, una energía que nace junto al amor y que permite al niño afirmarse en el mundo.

 La agresividad es vida moviéndose hacia afuera.
 Es el impulso que dice: “Estoy aquí, quiero algo, necesito que me veas.”

Cuando un niño empuja, grita, protesta o rompe una norma, lo que está mostrando es:

  • Un deseo de autonomía.

  • Una frustración no acompañada.

  • Una necesidad no atendida.

  • O incluso una tristeza profunda que no sabe expresar.

La importancia del entorno: sostener, tolerar, contener

Un niño no “nace rebelde”.
Se vuelve rebelde cuando no encuentra un entorno que sostenga su emoción.

Winnicott lo tenía claro:

“La agresividad necesita un entorno que la reciba sin destruirla.”

El entorno ideal no es rígido ni permisivo; es firme, presente y empático.

En la escuela Perros Pastores lo vemos cada día

Cuando un niño que llega desregulado descubre que puede:

  • Encender un fuego,

  • Levantar un refugio,

  • Superar un reto con otros,

  • Orientarse solo con brújula,

…algo cambia.

Porque alguien por fin le dice:
“Puedo con tu energía. No tengo miedo a lo que sientes.”

Esa contención emocional es transformadora.


Cuando la agresividad se vuelve destructiva

Cuando el entorno reprime, castiga o ridiculiza esa energía, ocurre lo contrario:
la agresividad deja de ser fuerza vital y se convierte en violencia, sumisión o ansiedad.

Winnicott lo explica de tres formas:

1. Identificación con el agresor

Si un niño crece en un entorno violento, aprende que el poder está en quien golpea, grita o humilla.
Para protegerse, se convierte en “el fuerte”.

2. Pérdida o carencia

Muchos niños “rebeldes” son, en realidad, niños tristes, niños deprimidos que han perdido algo que necesitaban (atención, presencia, cariño, estructura).

3. Malestar sin palabras

Cuando no saben expresar lo que sienten, lo actúan:

  • enfado,

  • desafío,

  • desobediencia,

  • aislamiento.

La conducta es el idioma de su dolor.

¿Y qué hacemos con esa agresividad?

La respuesta desde Perros Pastores

En nuestra escuela, no buscamos “apagarla”.
Buscamos transformarla.

Porque un niño agresivo puede convertirse en:
✔ un líder respetado,
✔ un protector del grupo,
✔ un compañero empático,
✔ un joven capaz de poner límites sanos,
✔ un adulto seguro y resiliente.

¿Cómo lo hacemos?

A través de actividades de supervivencia que canalizan la energía hacia la cooperación:

🔥 Encender un fuego = controlar la impulsividad
🏕️ Construir un refugio = trabajar en equipo
🧭 Orientación = tomar decisiones
🌲 Silencio en el bosque = regular emociones
🤝 Dinámicas de convivencia = empatía, escucha, límites
⚠️ Primeros auxilios = responsabilidad y cuidado al otro

En la naturaleza, la agresividad encuentra un cauce sano:
pasa de ser tensión acumulada a convertirse en fuerza útil.

¿El papel de los padres según Winnicott

Winnicott habló de algo esencial:

El niño necesita un adulto que no se rompa cuando él se rompe.

Los padres deben poder:

Sostener
La rabia, la frustración, el dolor y la rebeldía. No personalizarla.

Tolerar
Que el niño explore límites, cuestione, exprese, se equivoque.

Confrontar con honestidad
Poner límites firmes, sin humillar, sin venganza, sin miedo.

Recibir del hijo
No solo corregir: escuchar.
Recibir su manera de ser, su carácter, su alegría… y también su oscuridad.

En Perros Pastores trabajamos con padres y familias para que puedan convertirse en ese refugio emocional, porque sin un adulto sostenedor, ningún niño puede regularse.

El enfoque Perros Pastores: convertir agresividad en liderazgo

Nuestro nombre lo dice todo:
protegemos, guiamos, educamos, acompañamos.

En la tradición del Perro Pastor:

  • No se ataca por atacar.

  • No se impone por miedo.

  • No se somete al débil.

Su fuerza está al servicio del grupo.
Ese es el modelo que enseñamos.

En nuestros cursos para niños y jóvenes:

✔ La agresividad se reconoce
✔ Se expresa sin daño
✔ Se canaliza a través del reto
✔ Se transforma en liderazgo positivo
✔ Se convierte en un valor para la comunidad

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